Un ensayo en simbología y paleografía comparadas – por Sergio Fuster
2. Lo que nos revelan los ideogramas y los alfabetos antiguos
Para entrar de lleno el ámbito de la representación visual del ânj , es necesario hacer una relación con los silabarios o alfabetos arcaicos. De su empleo en la escritura, como primer sentido (idiomas y dialectos afro-asiáticos) podremos extraer algunas pistas acerca de su segundo sentido (20).
2. 1. Sabemos del parentesco de las lenguas semíticas y camíticas, entre las que se encuentra el egipcio (escritura monumental o jeroglífica) y de sus diversas analogías gramaticales entre sí, así como lo símil de algunas de sus figuras. Si la primera aproximación al significado del ânj lo enmarcamos en esta corriente, hacer un repaso comparativo del uso de las imágenes cruzadas homólogas en los idiomas primitivos puede ser esclarecedor.
2. 2. Para la mentalidad arcaica todo era sagrado y, por lo tanto, digno de ser expresado. La palabra o “aliento divino” era creadora. Su equivalente era fijado en caracteres. No hay contradicción entre el trazo o la letra y la fuerza inmanente que posee desde una interpretación espiritual (21).
Dicho esto, no es aventurado pensar que los signos usados en las escrituras de diferentes culturas bien pudieron nacer de representaciones y códigos de orden religioso que pertenecieran a arquetipos comunes. De ser así, los signos ideo-gramáticos, por un lado, deben tener significado preciso como habla cotidiana y, por el otro, deben corresponder a algún tipo concreto de experiencia de lo transcendente. En el caso del trisílabo ânj, puede que contenga el misterio que encierra la vida animada, su reproducción, cesación y concomitancia, ya sea en este mundo o en el otro.
2. 3. Los idiomas semitas dibujaban la letra t (Heb. cuadriforme, tav
) en su forma más temprana con el signo de la cruz (paleo-hebreo, taw
, siglo VII). Lo mismo se observa en el proto-sinaítico del siglo XV:
(22).
La taw en su forma mística se representa con una cruz sin cúspide
(símbolo de impureza para los hebreos). Pronto este signo pudo servir para simbolizar al dios caldeo, Tammuz, aquel que, según el mito, después de su muerte, al ser resucitado por su amante la diosa Ishtar, aflora a manera de un árbol o vid (hierofanizado en la vegetación como protector de la agricultura) (23).
Según Cirilo de Alejandría y Jerónimo, Tammuz equivale al Adonis sirio, que renace en un árbol. Plutarco dio a entender que también es homólogo a Osiris. En esta versión del mito, Isis viaja hasta Biblos y rescata el cuerpo de su esposo muerto (vida retardada) dentro de un tronco en forma de columna (24).
Encontramos así una correspondencia entre el signo cruciforme, el cuerpo físico limitado en estado vegetativo y el árbol o matriz que contiene la vida futura. Este se abre ahora como símbolo reproductivo masculino y femenino, alternativamente, de la vida potencial y de las facultades generativas detenidas y reactivadas (25).
En la trans -significación del símbolo como lenguaje místico universal, el ânj comparte similitudes gráficas con la tav-taw de los idiomas semíticos (26) y su asociación religiosa referente a la divinidad viva, suspendida y reanimada, tanto en esta vida como en el Otro Mundo. Aunque lo vertical, en este caso, representa concretamente la vida en potencia seminal (27).
2. 4. El ânj ha sido clasificado como un nudo o correa de sandalia (Gardiner S34), pero su fonema corresponde a “vivir” o “vida”. Veamos un ejemplo: la palabra egipcia sahu , “noble”, con el determinativo del ânj corresponde al cuerpo momificado del difunto:
, lit.,”el noble viviente” (28), en cuyo caso nos remitiría a la trascendencia de una existencia re-activada (vida post-mortem ; regreso a lo no-formal).
Este emblema fue usado en las representaciones ceremoniales funerarias del rito de Apertura de la Boca y de los Ojos. En un grabado del sarcófago de Taho, un sacerdote de la época Saíta, ahora en el Museo del Louvre, se ve a Horus tocando los labios de Osiris – el primer muerto – con el ânj : en este caso, el símbolo se clausura como aliento vital (29).
Si relacionamos el nudo como emblema de atadura entre los planos celestes y terrestres, el árbol, el objeto enhiesto, fálico, aquel que alberga todas las potencialidades del futuro ser (el “todavía no”), entonces el simbolismo se orienta a la semilla de vida latente y eterna. Así, el nudo tiene una síntesis de nudo-árbol-cruz-llave = Vida y vida en suspención (30).
Notas
20. Las representaciones egipcias, a diferencia del pensamiento griego, no son analíticas sino sintéticas. Para fines del segundo milenio, los egipcios ensayaron la formación de sustantivos abstractos por el método de anteponer a sustantivos concretos la palabra equivalente a “cosa”; p. ej.: “ toda cosa de muerte ”. Sin embargo, su pensamiento permaneció muy próximo a la experiencia (véase la nota 10).
21. Véase la bibliografía citada en la nota 16.
22. M . Levirani, El Antiguo Oriente. Historia, sociedad y economía (Barcelona, 1995), 505, presenta una lista de las correlaciones idiomáticas. Es digno de notarse que la w era propia del paleohebreo y, en su reconstrucción aramea, se perdió el sonido, quedando en su defecto la v .
23. M . Eliade, Cosmología y alquimia babilónicas (Barcelona, 1993), 38.
24. Plutarco, Isis y Osiris (Buenos Aires, 1997; trad. Mario Meunier), 45.
25. Véase la bibliografía citada en la nota 12.
26. Véase la bibliografía citada en la nota 22.
27. Véase la bibliografía citada en la nota 12.
28. Véase la bibliografía citada en la nota 1.
29. Navarro Frances, Historia Universal Salvat II (Madrid, 2000), 267.
30. Véase la bibliografía citada en la nota 6.