La creación del Hombre y la antropología.
August 2nd, 2010 by
Patricia y Gustavo
Pregunta de Sol:
La comunidad antropológica está de acuerdo en que nuestra especie es producto de un proceso evolutivo gradual que se inició hace cinco millones de años cuando comenzó la existencia de los primeros homínidos en África.
Quien escribe intuye que las cualidades específicamente humanas no pueden explicarse únicamente por adaptaciones exitosas al medio ambiente.
Me gustaría saber qué dicen los guías al respecto y que explicación tienen los restos fósiles que presenta la ciencia como prueba de la existencia de estos protohombres.

Respuesta:
El concepto de lo divino no puede explicable desde la razón de la materia. La chispa entre materia y divinidad no puede hallarse en restos densos.
Lo divino impregna a la materia para convertirla en hombre, su origen todavía es incomprensible para la razón humana, la cual todavía esta polarizada en el entendimiento de la materia visible.
El humano esta hecho a la imagen y semejanza de Dios. Millones de creencias intentan entender y explicar el concepto de Dios. Ningún humano actual ha logrado verse en el polo divino. Y es solo una parte de entender el equilibrio de ambas partes.
El “medio ambiente” es más que lo visible natural o social. El hombre es, además, un mundo interno de combinación perfecta en una matriz de sutilidad y densidad humana. Y como tal “uno” solo no podrá comprenderlo sin unir el saber del “todo”.
La ciencia no podrá encontrar restos óseos porque son materia densa, que es histórica lineal y temporal. Lo divino corresponde a lo sutil y es atemporal y no lineal. La suma de los dos redunda en el surgimiento del hombre actual.
Algo que nace de lo divino es sutil, no deja restos.
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La mente es una fuerza maravillosa inherente al Ser. Lo que se plantea en este órgano como “yo” es la mente. Cuando la mente sutil emerge a través del cerebro y los sentidos, los nombres y las formas densos son conocidos. Cuando se permanece en el corazón, los nombres y formas desaparecen.
Thich Nhat Hanh, un filósofo y monje budista vietnamita, escribe sobre cómo disfrutar de una buena taza de té. Debemos estar completamente atentos al presente para disfrutar de una taza de té. Sólo siendo conscientes del presente nuestras manos sentirán el calor de la taza. Sólo en el presente aspiraremos el aroma del té, saborearemos su dulzura, y llegaremos a apreciar su exquisitez.
Como la psiquiatría zen, las terapias espirituales o religiosas “pueden ser tan efectivas como las psicoterapias clásicas o la medicación”, señala a Newsweek Everett Worthtington, presidente de la división “Psicología de la Religión” de la Asociación Psicológica de EE.UU. Pero los seguidores de Buda podrían tener una ventaja competitiva en ese terreno respecto a otros creyentes. Brendan Kelly, del Colegio Universitario de Dublín, Irlanda, explica en la revista “Transcultural Psychiatry” que el budismo es una psicología, una filosofía y una ética que aspira a alcanzar el nirvana, o cese de todo sufrimiento. Por ende, agrega Kelly, la práctica budista puede ser considerada “intrínsecamente terapéutica”. Un flamante estudio estadounidense acaba de constatar que siete de cada diez budistas practicantes evalúan su salud como “muy buena o excelente”.
Doctor Daniel Flichtentrei
Simon Wiesenthal, el famoso cazador de Nazis, una vez dio una conferencia en el Congreso de Rabinos europeos en Bratislava, Eslovaquia. Los rabinos entregaron a Wiesenthal, de 91 años, un premio y el Sr. Wiesenthal, visiblemente conmovido, les contó la siguiente historia:
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa “corona de rosas”.
En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador. 
“Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras. 