La Fe y la Ciencia – 3
May 24th, 2010 by
Patricia y Gustavo
Como la psiquiatría zen, las terapias espirituales o religiosas “pueden ser tan efectivas como las psicoterapias clásicas o la medicación”, señala a Newsweek Everett Worthtington, presidente de la división “Psicología de la Religión” de la Asociación Psicológica de EE.UU. Pero los seguidores de Buda podrían tener una ventaja competitiva en ese terreno respecto a otros creyentes. Brendan Kelly, del Colegio Universitario de Dublín, Irlanda, explica en la revista “Transcultural Psychiatry” que el budismo es una psicología, una filosofía y una ética que aspira a alcanzar el nirvana, o cese de todo sufrimiento. Por ende, agrega Kelly, la práctica budista puede ser considerada “intrínsecamente terapéutica”. Un flamante estudio estadounidense acaba de constatar que siete de cada diez budistas practicantes evalúan su salud como “muy buena o excelente”.
Ricardo Corral es otro de los impulsores en la Argentina de la psiquiatría basada en el budismo. Profesor de Psiquiatría en la UBA y el CEMIC, y jefe de Docencia e Investigación del Hospital Borda, Corral dice que las respuestas de la ciencia pueden ser insuficientes para aliviar el sufrimiento. Y que la filosofía budista, como otros enfoques espirituales, puede ser una oportunidad para acercarse al otro. “A menudo se identifica a un paciente con una enfermedad determinada, y perdemos de vista la unicidad de la persona y su intersección con el mundo y con el Universo”, precisa.
(…) Por otra parte, más allá de la filosofía singular del budismo, Worthtington considera que cualquier enfoque espiritual tiene más chance de funcionar cuando el médico tiene empatía, recupera la dimensión humana de la medicina y logra establecer una “alianza terapéutica” con sus pacientes.
Fuente: Extractos de: Matías Loewy. “El lado buda de la psiquiatría” Newsweek Argentina, 27 de abril de 2010.
Imagen: Newsweek.
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Doctor Daniel Flichtentrei
Simon Wiesenthal, el famoso cazador de Nazis, una vez dio una conferencia en el Congreso de Rabinos europeos en Bratislava, Eslovaquia. Los rabinos entregaron a Wiesenthal, de 91 años, un premio y el Sr. Wiesenthal, visiblemente conmovido, les contó la siguiente historia:
En la antigüedad, los romanos y los griegos solían coronar con rosas a las estatuas que representaban a sus dioses como símbolo del ofrecimiento de sus corazones. La palabra “rosario” significa “corona de rosas”.
En otra ocasión, Santo Domingo tenía que dar un sermón en la Iglesia de Notre Dame en París con motivo de la fiesta de San Juan y, antes de hacerlo, rezó el Rosario. La Virgen se le apareció y le dijo que su sermón estaba bien, pero que mejor lo cambiara y le entregó un libro con imágenes, en el cual le explicaba lo mucho que gustaba a Dios el rosario de Avemarías porque le recordaba ciento cincuenta veces el momento en que la humanidad, representada por María, había aceptado a su Hijo como Salvador.
“Nosotros los indios sabemos del silencio. No le tenemos miedo. De hecho, para nosotros es más poderoso que las palabras.
“¿Qué tipo de sentencia (me pregunté) construirá una mente absoluta? Consideré que aun en los lenguajes humanos no hay proposición que no implique el universo entero; decir el tigre es decir los tigres que lo engendraron, los ciervos y tortugas que devoró, el pasto de que se alimentaron los ciervos, la tierra que fue madre del pasto, el cielo que dio luz a la tierra. Consideré que en el lenguaje de un dios toda palabra enunciaría esa infinita concatenación de los hechos, y no de un modo implícito, sino explícito, y no de un modo progresivo, sino inmediato. Con el tiempo, la noción de una sentencia divina parecióme pueril o blasfematoria. Un dios, reflexioné, sólo debe decir una palabra, y en esa palabra la plenitud. Ninguna voz articulada por él puede ser inferior al universo o menos que la suma del tiempo. Sombras o simulacros de esa voz que equivale a un lenguaje y a cuanto puede comprender un lenguaje son las ambiciosas y pobres voces humanas, todo, mundo, universo”.
Los científicos creen que la memoria puede estar almacenada en todo ese campo energético que nos rodea. Si esto es así, nuestro cerebro no es un medio de almacenamiento sino un sistema de recepción. Por otra parte, hoy sabemos que cada neurona del cerebro puede conectarse al mismo tiempo y ‘hablar’ con todas las demás simultáneamente a través del proceso cuántico interior.
“El tú mismo-formado por conocimientos, sentimientos, etc.- no ha podido surgir de la nada en un momento dado. Los conocimientos, los sentimientos y la elección son eternos e inmutables y numéricamente uno en todos los humanos (…). Todos estamos en todo, y nuestras vidas no son piezas, sino totalidad. Somos la totalidad del mundo (…) también eternamente y siempre únicamente existe el ahora, un único y mismo ahora presente es lo único que no tiene fin”
La tesis de Hamann, descansaba en la convicción de que toda verdad es particular, nunca general: que la razón es importante para demostrar la existencia de cualquier cosa y es sólo un instrumento para clasificar convenientemente y arreglar datos en formas a las que en realidad nada corresponde; que comprender es comunicarse con los hombres o con Dios. El universo para él, como para la más antigua tradición mística alemana, es una especie de lenguaje. Las cosas, las plantas y los animales son símbolos con los que Dios se comunica con sus criaturas. Todo descansa en la fe; la fe es un órgano tan básico para el conocimiento de la realidad como los sentidos (…). Sólo el amor –hacia una persona o un objeto– puede revelar la verdadera naturaleza de cualquier cosa. No es posible amar fórmulas, proposiciones generales, leyes, las abstracciones de la ciencia, el vasto sistema de conceptos y categorías. Hume supone correctamente que no podría comer un huevo o beber un vaso de agua si no creyera en su existencia; los datos de la creencia –que Hamann prefiere llamar fe– descansan en motivos y requieren pruebas tan pequeñas como el sabor o cualquier otra sensación. Las ciencias pueden ser útiles en asuntos prácticos, pero ninguna concatenación de conceptos proporcionará la comprensión de un hombre, de una obra de arte, o de lo que se expresa en los gestos, símbolos, lo verbal y lo no verbal, el estilo, la esencia espiritual de un ser humano, un movimiento, una cultura; ni de la Deidad, que habla a uno por doquier si sólo se tuvieran oídos para oír y ojos para ver. “El solo sentir –dijo Hamann–, da a las abstracciones e hipótesis manos, pies, alas; y de nuevo “Dios nos habla con poéticas palabras, dirigidas a los sentidos, no con abstracciones para los doctos”, y así debe hacer quien tenga algo importante que decir, que quiera hablar a otra persona.
El más grande profeta de todas las épocas el tiempo presente. Si deseamos saber lo que deberá ser el mañana y lo que realmente será, invierta su punto de observación; colóquese en un indeterminado futuro y vuelva su mirada hacia el presente. El pensamiento del mañana será el de una inteligencia universal y perfecta en su conjunto que penetrará todas las cosas.