Puertas Abiertas
agosto 31st, 2008 by
Patricia y Gustavo
Hermes Trimegisto, 23 de agosto de 2008
“Bueno pues, es correcto, los que están en el lado y los que no han entrado en los cuatro que han sido elegidos protectores de elementos y de seres en la Tierra. Aquellos que aún entonan, aquellos que aún se animan, aquellos que aún están viendo.
Pues es bien si es bien, que hace muchos siglos que trabajaron juntos en la Tierra junto a seres en el Cielo, elegirse desde el más allá en ciudades que no están acá.
Es así que Tres Veces el Grande me han mencionado y aún como maestro lo sigo siendo, porque el permiso del Cielo se me ha otorgado.
Es pregunta, pues, que muchos se han dado en estos días pasados: ¿es el universo matemático? Pues es correcto. ¿Son los números divinos? Pues es correcto. Pero ¿saben qué?, están tontos los humanos pues ¿qué creen? ¿Sólo que en un día en donde números se alinean o en que los astros se opongan es posible abrir las puertas del Cielo?
Pero no es así, es siempre dispuesto, es siempre abierto, el Cielo y la Tierra son uno y los tiempos no existen. Cada día, cada palabra, cada entonación que hagan será elevada y escuchada. Cada pensamiento, cada alma y cada acto será visto y entendido. Y es así que no deben poner excusas, que hoy no hago y después sí, porque un número que aparenta hoy así lo indica.
Es así que no hay fines ni principios de la Tierra porque todo es circular, no es porque una fecha se haya escrito que esto va a ser así, porque las almas han venido viviendo y lo seguirán haciendo. Maestros cubrirán las llegadas y las idas, y nadie se irá antes y después de lo correcto, de lo que ha escrito hacer.
Es así que números o no números, días o no días, fechas, horarios, excusas o entendimiento, esto no dice pues, cuando debe abrirse el Cielo. El Cielo siempre estará con las manos, los brazos y todos los seres de ellos dispuestos a recibirlos y entenderlos.”
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Libérate de toda atadura o constricción consciente para que tu cuerpo pueda relajarse en los ritmos del universo. Mueve tu cuerpo, ejercítalo y mantenlo en movimiento. Comprométete a mantenerlo libre de toxinas, tanto físicas como emocionales. No lo contamines con bebidas o alimentos muertos, químicos tóxicos, relaciones o emociones tóxicas en forma de ira, miedo o culpa. Asegúrate de alimentar tus relaciones saludables y no albergues rencores ni resentimientos. La salud de cada célula contribuye directamente a tu estado de bienestar, ya que cada célula es un punto de conciencia en el campo de conciencia que tú eres.
¿Cómo interferimos con la inteligencia de la naturaleza? En términos espirituales, podemos decir que interferimos cuando nos identificamos con la imagen que tenemos de nosotros mismos y perdemos de vista a nuestro ser interior; cuando perdemos nuestra sensación de conexión con nuestra alma, nuestra fuente. En términos más comunes, podemos decir que interferimos cuando empezamos a preocuparnos, cuando empezamos a anticipar problemas, cuando empezamos a pensar en lo que podría salir mal. Cuando intentamos controlarlo todo, cuando nos asustamos, cuando nos sentimos aislados; todas esas cosas interfieren con el flujo de la inteligencia de la naturaleza. Cada vez que sentimos resistencia, frustración, que las cosas van mal, que exigen demasiado esfuerzo, es porque estamos desconectados de nuestra fuente, el campo de la pura conciencia, que se manifiesta en la infinita diversidad del universo. El estado de miedo es el estado de separación; es resistencia hacia lo que es. Cuando no oponemos resistencia todo es espontáneo y sencillo, no exige esfuerzo.
Nuestro cuerpo, nuestra mente, nuestras emociones, nuestra fisiología entera está cambiando a cada momento en función de la hora del día, de los ciclos de la luna, las estaciones e incluso de las mareas. Nuestro cuerpo es parte del universo y, en última instancia, todo lo que sucede en el universo afecta a su fisiología. Los ritmos biológicos son una expresión de los ritmos de la Tierra en relación con todo el cosmos, y sólo cuatro de ellos (los ritmos diarios, mareales, mensuales y lunares) son la base de todos los demás ritmos de nuestro cuerpo (…)
Un sacerdote que oficia en una iglesia próxima a un arroyo comienza a rezar: “Padre nuestro que estás en los cielos…” pero lo interrumpe el estridente croar de una rana. Furioso, el cura abre la ventana y grita: “¡Cállate!”. La rana obedece. Regresa, se arrodilla y recomienza la plegaria “Padre nuestro que estás en los cielos…”. Esta vez lo interrumpe una voz interior. “¿Quién te dice que tu rezo es más agradable a Dios que el de la rana? ¿Por qué te crees el preferido?”. Turbado, vuelve a la ventana, la abre y grita: “¡Croad, cantad, cacaread, mugid, maullad, silbad, ofreced el escándalo que queráis!” Todos los animales se ponen a hacer ruido, y también las plantas, el arroyo, las rocas, el viento, y las nubes que se deslizan por el cielo. El sacerdote se da cuenta de que todo está rezando junto a él y por primera vez comprende por qué recita “Padre nuestro…” y no “Padre mío…”.